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ENTREVISTA A PABLO PRISMA. LUZ BLANCA Y POP ARTESANAL.

Pablo es uno de los músicos más inspiradores que he conocido. Me atrevería a decir que es uno de los grandes compositores pop que ha dado este país y me causa un poco de rabia que no tenga el reconocimiento que creo que merece, aunque creo que esto es algo común al 99% de música que amo…Tuve la suerte tocar con él en Ensaladilla Rusa, el grupo que formé con mis mejores amigos y con la gente más imaginativa y especial que he tenido la suerte de encontrarme (el propio Pablo, Jaime – posteriormente guitarra en Campamento Ñec Ñec! – y Miguel, batería y cineasta con el que sigo tocando en Extinción De Los Insectos). Juntos estuvimos en la génesis de Afeite Al Perro, y sus ideas, su música y su amistad me han acompañado desde entonces.

Ensaladilla Rusa en el Magic. Ricardo Zamanillo

Leaf

La primera vez que vi a Pablo fue en el mítico Ateneo Libertario de Villaverde Alto, uno de los centros neurálgicos del punk madrileño a finales de los 90. Tocaba Leaf, su primer grupo, y recuerdo que quedé muy impresionado, especialmente con las canciones más lentas y su puesta en escena, totalmente alejada de clichés rockeros (algo de lo que muchas veces no se libran ni los grupos más punks). Leaf manejaban referencias casi inéditas dentro de la escena hardcore-punk (Codeine, Smog), y eso sumado a la clara influencia de mis adorados Hüsker Dü (una de mis obsesiones en ese momento) convirtió a Leaf en mi grupo favorito de Madrid. Poco más tarde, mi amigo Jaime pasó a tocar la guitarra con ellos y eso propició una amistad que ya dura casi 20 años.

El espíritu punk es algo que sigo viendo en Pablo cuando voy a sus conciertos. Cómo se mueve, la voz temblorosa por la adrenalina y el nervio, la forma en la que da patadas al suelo marcando el ritmo…para mí es algo fascinante de observar, una extraña mezcla entre agresividad y fragilidad. Repasar la trayectoria musical de Pablo es para mí un caleidoscopio de emociones y memorias que han conformado mi vida desde los veintipocos años.

Silence In Music

Tras Leaf, Pablo formó con Jaime los increíbles y totalmente desconocidos actualmente Silence In Music, uno de los pocos grupos que supo asimilar la influencia de Coil y Disco Inferno. Ellos la mezclaron con un sonido demoledor y una tonelada de agresividad punk (en sus mejores momentos, sus conciertos eran como estar dentro de una turbina de avión) y con la ayuda de Juan Carlos Blancas (otro de los grandes músicos ocultos madrileños) sacaron en 2003 un disco en Afeite Al Perro que en mi opinión es una de las joyas de principios de los 2000, aunque nadie se diera cuenta. En esta entrada del blog de Afeite Al Perro se puede descargar gratuitamente.

Smooking Room

Smoking Room fue durante esos años su proyecto casero con su amiga María y su amigo Javi, cantante maravilloso con el que ahora vuelve a tocar en Pablo Prisma y las Pirámides. Smoking Room compusieron una de mis canciones favoritas de siempre, “Kryten”. Su música fue definida una vez como “pop cariñoso”, algo que me encantó en el momento y que creo que define muy bien gran parte de la música de Pablo. Recuerdo sus ensayos en el salón de casa de María y cómo les admiraba, alucinaba con sus canciones y letras, y en el fondo envidiaba esa forma tan divertida y espontánea de hacer música. Estaba totalmente enamorado de ellos como músicos y como personas. Nunca tocaron en directo. Todas sus grabaciones (¡incluida la cinta que grabaron para mí!) se pueden escuchar en su bandcamp.

 

Bicicross

También con Javi, con su hermano Gonzalo y con su amiga Ana, pasó como un huracán por la escena subterránea musical madrileña a mediados de los 2000. Inclasificables y enigmáticamente surrealistas. Mil veces fui a verlos ensayar y salí intoxicado por la nube de hachís que llenaba su local. Sus conciertos eran encantadores exhibiciones de riesgo desaliñado y un verdadero despliegue de cacharrería en el escenario: guitarra, bajo, harmonium, ceniceros a modo de percusión, salterio, teclados, xilófonos y ausencia total de jerarquías (casi en cada canción cambiaban de instrumentos y todos cantaban). El espíritu de Beat Happening, discos Alehop!, Television Personalities, Aventuras de Kirlian y Jonathan Richman sobrevuela su discografía (3 mini-cds y un cd largo, todo publicado por ellos en Afeite Al Perro), recopilada en 2014 por Gramaciones Grabofónicas en “Los alemanes me han perdido el rastro (2005 – 2007)”.

 

Prisma en Llamas

Su siguiente proyecto fue Prisma en Llamas, con Hugo (Margarita, Sierra) y la ayuda en directo de Pesquera (Margarita). Musicalmente, su proyecto más psicodélico y sonoramente denso desde Silence In Music (quizás por esto solían tener dificultades para sonar como querían en vivo), siempre me recordaron mucho a los primeros Magnetic Fields. Samplers, sintetizadores, caja de ritmos, guitarras y ukeleles psicodélicos y preciosísimas voces pop.  Un 10” precioso para Gssh!Gssh! en 2010 (“Aeropuerto extrañamente blanco”, un 12” compartido con Atomizador en 2012 (Gssh!Gssh!/Afeite Al Perro/Chingaste la Confianza) y un 7” compartido con Violeta Vil conforman su discografía. Pura ensoñación musical y algunas de las canciones más bonitas de los últimos años: “Óxido”, “HMS” y sobre todo “L’Indret Fosc”, uno de esos temas PERFECTOS que Pablo parece componer con una facilidad pasmosa.

 

 

Entre Prisma en Llamas y Pablo Prisma y las Pirámides, su proyecto actual (con su amigo Javi, ex Smoking Room y Bicicross), Pablo publicó en 2015 para Chingaste la Confianza y El Morro de Alf una cassette llamada “Domesticidad” que recopila las canciones que compuso para sus hijos. Canciones creadas sin intención de ser publicadas, música nacida del magma puro de la creatividad. 10 miniaturas extremadamente íntimas y versiones deslumbrantes de Shirley Collins y Michael Hurley.

 

Bicicross

Pablo Prisma y las Pirámides

Pablo Prisma y las Pirámides es el nuevo grupo de Pablo. Empezó como trío, aunque tras la marcha de Ana (ex Bicicross), sigue como dúo y están en proceso de ideación de un LP, mi disco más esperado de los últimos tiempos. Su única canción publicada es la inabarcable “Criptozoología”, que abrió a principios de 2017 “Sonámbulo”, el disco benéfico-homenaje al artista Nicolás Martínez Cerezo (Afeite Al Perro/Discos Walden). Probablemente mi canción favorita de Pablo, es un tema que se ha convertido en una verdadera obsesión para mí. Un enigma en forma de canción, con una melodía por la que otros grupos venderían su alma y una letra clavada en mi subconsciente más profundo desde que Pablo me la enseñó hace un par de años en mi casa.

 

 
 

Jose

Pablo
 

Pablo, ¿cuándo empezaste a hacer música y qué fue lo que te impulsó a hacerlo?

Mi primer recuerdo de hacer música, bastante absurdo pero aún totalmente nítido en mi memoria, es estar solo en mi habitación y aprender a tocar la melodía de la marcha fúnebre en un casiotone (parecido al que tengo ahora, por cierto) el día que me enteré por la tele de que se había matado Fernando Martín, el jugador de baloncesto. Debía de tener como 8 años, porque me habían regalado ese teclado por la comunión. Aprendí los acordes básicos de la guitarra tocando en misa con 11 ó 12 años, se ve una línea mística-católica aquí, jaja, con la que creo que mucha gente que ha tenido una educación religiosa quizá puede identificarse: cantar en misa o tocar alrededor de una fogata en los campamentos del grupo scout de mi colegio son mis primeras experiencias de “crear” música con otros.

Con 16 años, después de empezar a escuchar a Nirvana, Sonic Youth y la Velvet, le compré una guitarra eléctrica cutre y un ampli de 10w a un colega – a espaldas de mi padre, que se negaba totalmente a que tuviera una – y empecé a intentar hacer “ruido” en mi casa (con los cascos puestos y subiendo el botón de gain del ampli al máximo), a componer alguna canción copiando lo poco que podía captar por aquel entonces de la música que escuchaba y, poco después, a montar un grupillo de versiones grunge con un amigo de un amigo que era la única persona que conocía que sabía que tocaba algo, el bajo en su caso. Esa persona era David, con el que un par de años después montaríamos Leaf, nuestro primer grupo “real”. David me dio a conocer bastante música, me enseñó lo básico sobre afinar, tener un local de ensayo, grabar en un cuatro pistas y, sobre todo, me hizo empezar a ir a conciertos de hardcore y emo en okupas y centros sociales, que son los primeros entornos donde toqué en directo.

Ya sabes que me interesan mucho los procesos creativos de la gente que admiro. ¿Me podrías contar cuál es el tuyo? Sé que sueles empezar a partir de melodías que aparecen en tu cabeza en cualquier momento, me gustaría saber cómo construyes la canción a partir de eso y qué aspectos te importan más dentro de ese proceso.

Generalmente comienzo por una melodía que me sale jugueteando con el ukelele o el teclado, o que me viene a la mente mientras voy en metro, andando por la calle o mientras me duermo. Otras veces es una variación de alguna parte de una canción que he estado escuchando y que se transforma en otra cosa en la memoria. En mi cabeza este embrión original se convierte en un bucle que se repite sin fin y que poco a poco se va transformando en un sonido, un ambiente, algunos arreglos o sonoridades. Si las cosas van bien y fluyen, esa repetición insistente que se establece en mi oído interior va dando lugar a otras partes y desarrollos, la melodía abstracta se va convirtiendo en palabras, voy grabando pequeños fragmentos en el móvil o la grabadora en casa, y progresivamente esa idea inicial se desarrolla en una canción. Si no van bien, me quedo durante días enganchado tarareando una y otra vez un cachito melódico que se ha cerrado en sí mismo, que no crece pero del que no puedo escapar y que acabo odiando profundamente.

“Aunque luego, con la canción acabada, o a veces meses o años después, decodifico cosas que hay en las letras, significados, episodios de mi vida o experiencias que han quedado de alguna forma inscritas en las canciones – o que me parece de alguna forma reencontrar ahí.”
Pablo Prisma y Las Pirámides. Foto de Andor (Licencia Creative Commons).

Tus letras suelen ser abstractas y casi surrealistas. Eres un gran fan de la ciencia ficción, entre otras cosas, y sé que alguna canción sigue ese espíritu ("El Jardín", por ejemplo). ¿Te inspiras en ideas concretas o historias para escribirlas?

Las letras son, con mucha diferencia, la parte que más me cuesta acabar. Antes no era así. Cuando era más joven escribía poesía y relatos, y las palabras para las canciones que hacía surgían naturales, espontáneamente. Pero ahora me es difícil sentir que tengo algo que decir o encontrar palabras que me sugieran nuevos mundos, o nuevas ideas. Desde Bicicross, donde la mayoría de las letras las componíamos en los ensayos entre todos mediante asociación libre, mi estrategia para escribir letras ha sido imaginar, a partir de las primeras palabras que me vienen por pura sonoridad, trozos de historias, situaciones, personajes, planteamientos narrativos (muchos de ellos, efectivamente, de ciencia ficción: robots, viajes en el tiempo, razas transhumanas, individuos que habitan en los confines del mundo o en realidades alternativas) e ir asociándolos a otras palabras que me suenan bien juntas. El significado literal me importa muy poco; lo que me interesa es que aparezcan frases evocadoras e imágenes potentes. Aunque luego, con la canción acabada, o a veces meses o años después, decodifico cosas que hay en las letras, significados, episodios de mi vida o experiencias que han quedado de alguna forma inscritas en las canciones – o que me parece de alguna forma reencontrar ahí. Una vez leí a Kristin Hersh, la cantante de Throwing Muses, decir que le pasaba algo parecido: que sus letras le parecían a veces ser como oráculos retrospectivos, que le narraban cosas de su vida que no era consciente de haber puesto en ellas y que en cierta forma retornaban desde un pasado semi-olvidado o negado. Es algo maravilloso y a la vez inquietante cuando pasa esto.

¿Cuáles son tus máximas influencias musicales/no musicales?

Buff, vaya pregunta más dificultosa. Soy un poco veleta y voy cambiando periódicamente de obsesiones. Puedo estar muy obsesionado con una canción o un grupo durante un tiempo y luego no volver a escucharlo ni acordarme de él en años. En cuanto a influencias musicales más profundas, lo más evidente es el pop, entendido en un sentido bastante amplio: desde los genios absolutos del pop psicodélico de los sesenta, que siempre están ahí (Beatles, Brian Wilson, Alex Chilton, el Odessey and Oracle de los Zombies…), hasta Magnetic Fields, Julian Cope, Go-Betweens, los primeros discos de Belle and Sebastian, el rollo Flying Nun más poppie – Chills, Bats – o Cleaners from Venus. Me gusta bastante música instrumental y “experimental”, pero me cuesta renunciar a la voz y a la melodía, que es casi siempre lo que me atraviesa de cabo a rabo, lo que me conmueve. Del punk y el post-punk, que han sido influencias clave en mi relación con la música, me tiende a gustar la gente que, dentro de la experimentación musical, encontraba nuevas ideas melódicas: Raincoats, Wire, Slits, XTC, This Heat.

Aunque la gente a la que más envidio y admiro, mis grandes maestros, a los que siempre vuelvo, creo que son muy parecidos a algunas influencias tuyas: Robert Wyatt, Brian Eno, Hüsker Dü, Arthur Russell, Disco Inferno. Gente que combina una inventiva musical total con una personalidad melódica totalmente propia, reconocible y emotiva y con un sonido que solo ellos han logrado crear.

Me fascinan también artistas muy pequeños y caseros con períodos muy prolíficos que logran generar mundos melódicos y sonoros personales, que por algún tipo de trasferencia me suenan íntimos, cercanos, casi propios, como si estuvieran grabando en la habitación de al lado: R. Stevie Moore, Maher Shalal Hash Baz, Richard Youngs. Últimamente, aunque tengo muy poco tiempo para escuchar música, estoy escuchando mucho el Sowiesoso de Cluster y sus discos con Eno, y a Richard Dawson. En cuanto a música más de aquí, los grupos que creo que más me han influido, y desde luego los que más veces he escuchado, han sido Family, Pegamoides o Aventuras de Kirlian. Y sobre todo, música que han hecho y hacen mis amigos, los grupos con los que he compartido conciertos y que he sentido más cercanos en diferentes épocas de mi vida – Grosgoroth, Solex, Margarita, por decir algunos. Y tus grupos y tú, por supuesto, que has sido para mí un modelo y una influencia decisiva tanto musical como personalmente, aunque no sé si es decoroso decir esto aquí.

Extramusicalmente, creo que mis grandes influencias son los cómics, la ciencia ficción y el surrealismo y el dadaísmo, entendidos todos ellos de forma muy amplia e inclusiva. El planteamiento DIY que viene del punk, el indie original y el lo-fi. El hachís también, aunque ahora estoy dejándolo. La infancia de mis hijos. Cosas que me han permitido visualizar planos de realidad diferentes, imaginar o sentir otros mundos, o combinaciones de otros mundos, a partir de elementos cotidianos.

Siempre me ha parecido que vas totalmente por libre, creando música preciosa y funcionando de una forma casi “intimista”, lo que me gusta mucho. ¿Sientes que perteneces a alguna “escena”/"movimiento" o como quieras llamarlo?

He sido siempre relativamente tímido, y las relaciones sociales tipo “escena” o “movimiento” no son para nada mi fuerte. Tampoco he sido nada dado a colaborar con otros músicos y he tendido más bien a formar grupos con gente que eran amigos míos, aunque no fueran músicos en sentido estricto. Además, por una mezcla de pudor, pereza y preferencia por la grabación, he tocado relativamente poco en directo, mucho menos fuera de Madrid. Lo más cercano a sentirme parte de un colectivo musical más amplio fue cuando estábamos en Ensaladilla Rusa, y existía en Madrid y en Barcelona un circuito de sellos, salas, grupos, que percibíamos como hermanos de alguna forma. Cuando empezamos a tocar Bicicross, y ya desde entonces, me he sentido menos implicado en ningún tipo de escena. No es que me sienta un perro verde ni una anomalía en ningún sentido especial, pero tampoco me reconozco en la lógica de escenas y divisiones que (probablemente de forma inevitable) hay en el pop y en la música más en general. En diferentes momentos sí que me habría gustado quizá tener más interacción con otros músicos o encontrar un “público” más claro, pero tampoco ha sido nada que me quitara el sueño. Siempre ha habido gente que me ha montado algún concierto, que ha dedicado palabras bonitas a mi música, que me ha animado. Y yo siempre he encontrado el gozo supremo de la música, de mi música, en estar escuchando solo en bucle, una y otra vez, una canción nueva que acabo de grabar, a la que incorporo detalles y efectos, que remezclo continuamente hasta altas horas de la noche, mientras el resto del mundo duerme.

Estoy obsesionado con “Criptozoología” hasta tal punto que incluso he hecho dos versiones de la canción. ¿Me podrías hablar de este maravilloso tema (cómo surgió, su enigmática letra, lo que quieras contar)?

Criptozoología cuenta, de forma críptica, entre líneas, o quizá solo en mi cabeza, la historia de un científico heterodoxo que ha dedicado toda su vida a perseguir a una criatura mítica, a un monstruo que todos consideran inexistente, y que en el momento que finalmente lo encuentra, cuando finalmente lo descubre y lo da caza, se da cuenta, deslumbrado por él, de que esa relación cazador/presa ha sido siempre una relación amorosa, el paradigma de la relación amorosa total. Y se abandona a ella. Aunque no creo que nada de esto se transparente en la letra, jaja. Es la primera canción, creo, que escribí completamente en el casiotone con el que toco ahora y la primera canción que, después de varios esbozos y tentativas de composición, logré acabar para un proyecto que ya no era Prisma en Llamas ni las canciones que escribí para los primeros años de mis hijos y que publicaron Basilio y Bea en la cinta Domesticidad, pero que todavía no eran tampoco Las Pirámides.

“Además, por una mezcla de pudor, pereza y preferencia por la grabación, he tocado relativamente poco en directo, mucho menos fuera de Madrid.”
Pablo Prisma y Las Pirámides. Foto de Andor (Licencia Creative Commons).

Has tocado en Leaf, Smoking Room, Silence in Music, Ensaladilla Rusa, Bicicross, Prisma en Llamas y ahora Pablo Prisma y las Pirámides...20 años de música subterránea. Esto puede parecerte un poco rollo y si no te apetece no pasa nada pero..¿Un par de líneas (o lo que quieras, claro) que expresen una idea o sentimiento sobre la experiencia en cada uno de esos grupos?

Lo intento, venga. Me pongo más telegráfico, que ya me estoy enrollando demasiado.

Leaf: descubrir las veladas infinitas en un local de ensayo, producir canciones continuamente casi de forma visceral y sin complicaciones, encontrar dos personas que sentía como espíritus gemelos, sentir una potencia alrededor de la música que, de una u otra forma, ha seguido allí desde entonces. Tener 20 años. Aunque hoy me sienta totalmente distante de ese estilo mimético, del uso absurdo de la distorsión y los subidones y de la relativa papanatez de copiar sin rubor alguno a los grupos que nos gustaban.

Smoking Room: tocar en casa, sin ningún tipo de pretensión más allá de pasarlo bien y hacer canciones bonitas, con María, mi mejor amiga, y con Javi, que todavía me acompaña en Las Pirámides, la textura preciosa de la grabadora de cassette, usar el castellano por primera vez, escribir letras de amor naifs, ingenuas, sinceras, y canciones que me siguen encantando y pareciendo preciosas.

Silence in Music: la imagen que me viene es pasar eones encerrados Jaime y yo en nuestro local infecto en Móstoles, trabajando cada canción como si fuera el diamante más frágil del mundo, el que necesitara de más cuidados y atención, el que nunca pudiera terminarse. Escuchábamos sin tregua Coil, Disco Inferno, Cabaret Voltaire y tratábamos de inyectarle pop a todo eso, aunque sentíamos que no había nadie fuera para escucharnos. Acordarme de Silence me genera una sensación agridulce, puesto que la relación con Jaime se cortó posteriormente. También me cuesta mucho escuchar la voz tan afectada con la que cantaba entonces.

Ensaladilla Rusa: urgencia kamikaze. Borracheras. Disciplina, también. La norma de no reírse en los conciertos (aunque pasábamos todo el tiempo que estábamos juntos descojonados de risa). El grupo con el que más he tocado fuera de Madrid –algo que me gustaba pero también me inquietaba y daba miedo. Abrirse al mundo. Conocer a mucha gente. Conocerte a ti.

Bicicross: descubrir, junto con mi hermano Gonzalo, Ana y Javi, lo que sentí quizá por primera vez como una voz propia, experimentar con instrumentaciones raras y diferentes, reírnos sin parar, alegría, fumar porros, reírnos más, aprender a escribir non sequiturs y asociaciones libres que, sin embargo, tenían todo el sentido del mundo.

Prisma en Llamas: el cariño de Hugo y la ilusión tan grande que nos generó grabar las primeras canciones que hicimos, Pesquera siempre dispuesto y eficaz hasta en las peores circunstancias, el sampler y la nueva elasticidad infinita del sonido que me descubrió, tocar en Barcelona en la misma fecha durante tres años seguidos, tener aún que pedirle perdón a Hugo por la noche de empalmada que nos pegamos Pesquera y yo en Vic y el posterior viaje en coche que nosotros nos pasamos durmiéndola y él conduciendo, tener aún que pedirle perdón a Pesquera por ser un poco dictador y gruñón a veces. También la frustración que siempre sentí porque nunca sonamos bien en directo.

Silence in Music, el dúo que tuviste con Jaime (guitarrista personalísimo que estuvo también en Leaf, Ensaladilla Rusa y Campamento Ñec Ñec!), fue uno de mis grupos favoritos. Creo que vi casi todos vuestros conciertos y recuerdo uno que disteis en vuestro local de ensayo para 3 personas como uno de mis 10 conciertos dorados de siempre. Si no me equivoco, fue el primer grupo en el que usaste "máquinas", ¿no? ¿Cómo surgió ese momento? Me parece muy curioso tu uso de elementos de la "música electrónica"/"experimental" (la búsqueda del sonido adecuado para cada momento musical, el uso de samplers y sonidos sintetizados) dentro de un formato de canción puramente pop.

Yo nunca lo he sentido como algo raro. En Silence nos compramos un secunciador por los ritmos, porque no encontrábamos batería, pero felizmente nos descubrió toda esa capacidad de incorporar una multiplicidad de teclados, sonoridades, texturas y efectos que señalas. También nos hizo trabajar por primera vez con ritmos electrónicos, marciales, sin matiz humano: me ha gustado luego siempre mucho el contraste entre los ritmos y efectos más “artificiales” y la presencia humana y emocional en las canciones tan pop, tan melódicas, que me salen casi siempre.

Para mí el uso de máquinas o ideas “experimentales” tiene que ver esencialmente con la amplitud del sonido, con esa apertura a planos sonoros, “espaciales”, que me evocan otras cosas más allá de una persona tocando. Vamos, con la idea de la producción, como en el dub o en la electrónica, sí, más que con la idea del directo y de una persona que está produciendo directamente ese sonido. Me sigue flipando como el primer día un efecto de delay o un tono de teclado de juguete – violin, trumpet, harpsichord – que ni de coña suena a lo que está escrito que tiene que sonar.

Estás preparando un disco largo, el primero de Pablo Prisma y las Pirámides (yo ya escuché algunos de los temas en una pre-grabación casera y son increíbles). ¿Tienes alguna idea o concepto particular sobre el disco o será simplemente una colección de las canciones que tengáis compuestas?

Íbamos a grabar con Mau (Esperit!) en su casa del bosque en el Montseny, porque estoy un poco cansado de utilizar siempre los mismos aparatos, efectos y estrategias para grabar, pero al final no ha podido ser. Supongo que acabaremos grabándolo nosotros otra vez a lo largo del invierno: a ver si se me ocurre algo para darle más emoción a la grabación. Me gustaría que colaboraran algunas personas y amigos, a ver si aportan otras cosas aparte de mis recursos de siempre. En principio no tenemos ninguna idea global o concepto, más allá de ceñirnos en la instrumentación a los casiotones semi de juguete que venimos utilizando en directo. Últimamente me está saliendo alguna canción instrumental más planeadora y tranquila, a lo mejor incorporamos algunas de este tipo (a lo mejor no).

Si hay algo que quieras añadir...

Muchas gracias por la entrevista, espero no haber sido demasiado pesado. Es que me has hecho pensar sobre muchas cosas, sobre toda mi vida.